(Por Rocío María Barrera)
El 24 de marzo de 1976 se produce un golpe de Estado en Argentina que pone fin al régimen democrático de María Estela Martínez de Perón, que en ese entonces era la presidente del país debido al fallecimiento de su esposo Juan Domingo Perón, y que alejará a la ciudadanía de las urnas hasta 1983. Esta irrupción del poder estuvo a cargo de la Junta Militar encabezada por los comandantes de las tres armas, Jorge Rafael Videla (Ejército), Emilio Eduardo Massera (Marina) y Orlando Ramón Agosti (Aeronáutica) que inauguran lo que se denominó “Proceso de Reorganización Nacional” con el objetivo de transformar a la sociedad argentina y crear un “ser occidental, nacional y cristiano”. “Se comunica a la población que, a partir de la fecha, el país se encuentra bajo el control operacional de la Junta de Comandantes Generales de las Fuerzas Armadas. Se recomienda a todos los habitantes el estricto acatamiento a las disposiciones y directivas que emanen de la autoridad militar, de seguridad o policial, así como extremar el cuidado en evitar acciones y actitudes individuales o de grupo que puedan exigir la intervención drástica del personal en operaciones”.
La dictadura militar asumió la totalidad del poder y para lograr consenso político se emplearon formas autoritarias no solamente basadas en la violencia institucional y física sino también en la acción psicológica a través de los medios de comunicación. Se impuso el proceso autoritario más sangriento con un terrorismo de Estado dirigido a destruir la participación popular a partir de la represión sobre todo tipo de fuerzas democráticas en las que se prohibieron los partidos políticos y huelgas, se disuelve el congreso, se intervienen los sindicatos y la CGT y CGE, se suspende la actividad política, los derechos de los trabajadores y la vigencia del estatuto docente, se clausuran locales nocturnos, se queman libros y revistas considerados peligrosos y se censuran los medios de comunicación a partir de la censura previa en donde se creó un grupo especial encargado de controlar y reprobar todo tipo de producción científica, cultural, política o artística que se opusiera el régimen dictatorial, instaurando el terror en la población y poniendo “orden”. Durante el proceso militar, la censura fue extrema, se cerraron periódicos y revistas, se intervinieron distintos medios, se clausuraron editoriales y se controlaban las publicaciones, se procesaron, detuvieron y secuestraron periodistas y escritores. Todos los estudiantes, sindicalistas, intelectuales, profesionales que encabezaron las listas negras, más tarde fueron secuestrados, asesinados y "desaparecieron". Mientras muchos otros se exiliaron.
“El terrorismo de estado se aplicó con la colaboración activa de sectores de la población. Sus características esenciales eran: el uso monopólico de los medios de comunicación aplicado al desarrollo de la información y la desinformación y, paralelamente, el despliegue de campañas propagandísticas mediante las cuales se buscaba imponer una ideología monolítica; después, el establecimiento y expansión de un aparato represivo policial y militar secreto abocado a la tarea de “disciplinar” a la población y consecuentemente, a grupos susceptibles de sufrir un eventual exterminio; y, finalmente, un régimen que hizo uso del “terrorismo estatal” y que contó con el respaldo de sectores de la política y la economía, ámbito este ultimo en el cual el apoyo provino de grupos empresarios tanto nacionales como extranjeros. En ese contexto el deporte en general y el futbol en particular fueron el vehículo del cual se valieron los militares para tratar de sanear su imagen”
El resultado que dejó este proceso fue miles de muertos y desaparecidos, gente exiliada, desaparición sistemática de símbolos y todo tipo de discursos, imágenes y tradiciones, control total ideológico, quema de bibliotecas y la destrucción del aparato productivo nacional.
En los medios internacionales se criticaba fuertemente el régimen totalitario que atravesaba la Argentina. Las denuncias sobre las violaciones a los derechos humanos por parte de los militares contra la lucha subversiva argentina trascendieron los límites nacionales cobrando mucha importancia en la prensa europea. Fueron países como Holanda y Francia aquellos que se encargaron de denunciar los delitos que se estaban cometiendo de lesa humanidad en nuestro país, tales como la privación ilegítima de la libertad por tiempo indeterminado, la disposición sobre la vida y la muerte de las personas que integraban los grupos guerrilleros, entre otros. También se encargaron de cubrir las primeras reuniones de las Abuelas de Plaza de Mayo. Como contrapartida, la prensa local, carente de información precisa sobre los hechos que ocurrían en territorio nacional, las denominaban “las locas de Plaza de Mayo” y justificaban los ataques como una conspiración para la realización del Mundial queriendo presentar un país ordenado y organizado.
Si bien la Organización del XI Campeonato del Mundo de Fútbol en Argentina fue uno de los símbolos utilizados por el Gobierno Militar para promover una imagen de país confiable y demostrando que eran capaces de realizar un evento tan emblemático y de esa manera debilitar las críticas que provenían del exterior, también fue utilizado para construir cierta legitimidad política y consenso dentro de la sociedad. “Para ellos, el Mundial de fútbol era una magnífica oportunidad para lavarle la cara al régimen militar, aprovechando el exacerbado nacionalismo deportivo de sectores mayoritarios de la afición futbolística. Algunos meses antes del inicio del certamen, el oficialismo había lanzado una campaña de propaganda en defensa del gobierno de facto sintetizada en la consigna: “los argentinos somos derechos y humanos”. El país fue inundado por calcomanías y afiches con esa inscripción, y la crítica internacional a la violación de los derechos humanos en la Argentina fue rechazada por sectores proclives a la dictadura como una “campaña orquestada por el comunismo internacional”.
En el mismo día del golpe y en la primera reunión de la Junta Militar, el mundial se convirtió en tema prioritario. “Políticamente es conveniente hacer el mundial dijo el Almirante Cero. Unos días antes, el hombre que soñaba con ser el nuevo Perón, había recibido un informe de uno de sus colaboradores más íntimos y a quien había premiado con la secretaría de Acción Social: el capitán de navío: Carlos Lacoste. Massera leyó una tras otra las supuestas ventajas políticas y económicas que le dejaría a la Argentina la XI Copa del Mundo”. Así comenzaron dos años de organización que costaron la vida de muchos dirigentes, extorsiones y luchas dentro de la propia dictadura. Entre el ejército y la Marina se disputaron el control del mundial, quedando finalmente en manos de Lacoste y Massera, el primero era el responsable público del Ente Autárquico Mundial ’78 (EAM) que le permitía a ese organismo malgastar millones de dólares con total libertad en fastuosas obras y proyectos sobrevaluados para llevar a cabo la organización de la competencia de la mejor manera. El gasto total alcanzaría los 250 millones de dólares. La deuda externa seguía creciendo y mientras el país padecía graves carencias en sanidad y educación, ese dinero era invertido en el campeonato mundial.
Los medios periodísticos nacionales tenían prohibido criticar al director técnico del equipo argentino, César Luis Menotti y de la selección nacional. Sólo se dedicaban a hablar de táctica, de goles, de la alegría y el orgullo nacional. El gobierno consideraba el triunfo y el buen prestigio del seleccionado de gran importancia política fundamental.
“Para mayo de 1978, los vuelos de la muerte despegaban con una frecuencia de cinco por día. Paralelamente, funcionarios de las naciones unidas en Ginebra, elaboraban las primeras listas completas de desaparecidos y miles de exiliados comenzaban a enviar cartas a la casa de gobierno con la cara de Videla, transformada en calavera pro sus rasgos huesudos, en una pelota de futbol. El 20 de mayo, Videla señalaba en una entrevista a un diario alemán: “no hay campos de concentración ni prisioneros políticos en la Argentina. La campaña desencadenada contra la argentina antes del mundial es obra de la izquierda internacional. Los 3200 detenidos, de los que el ministerio del interior publico los nombres están presos por terrorismo, corrupción y criminalidad. Todos los detenidos en fase de instrucción se encuentran exclusivamente en cárceles y no en otros lugares. Las Fuerzas Armadas, amenazadas por 4000 guerrilleros armados, se vieron obligadas a defender los derechos humanos de la mayoría. Hacia nosotros no hubo la comprensión que merecíamos.” Seguía considerándose el pilar del orden y el centinela de la soberanía.”
El poder y la economía
“Nuestra alegría no tiene límites. Me subo a una silla y empiezo a gritar, festejando la victoria. A mi lado, los dos guardias más jóvenes se abrazan. Guillermo se suma a su festejo. Uno de ellos me toma de un brazo y, haciéndome bajar de la silla, se cuelga de mi cuello y me incorpora al festejo. Ante la mirada incrédula del Tucumano, empezamos a saltar los cuatro en un ramillete humano, mientras gritamos a coro: “¡Argentina!, ¡Argentina!”. La atmósfera en la cocina es delirante. Cautivos y captores se abrazan y festejan.”
“25 millones de argentinos jugaremos el Mundial” o “la fiesta de todos” representaban los slogans o eran parte de la canción oficial del mundial.
La realización del mundial en el país era muy conveniente según decían los que manejaban el país. Pero conveniente ¿para que? y ¿para quienes? Que Argentina saliera campeón del mundo era un gran negocio para la Junta Militar, para las arcas de Editorial Atlántida pero no para el país y mucho menos para la población. Los directores de la Editorial más poderosa estaban fuertemente relacionados con la dictadura y los negocios alrededor del Mundial 78. Los vínculos cercanos y las relaciones estrechas relaciones le significaron a Atlántida grandes ganancias monetarias. Antes del mundial “El Gráfico vendió 146.700 ejemplares y luego del mismo 373.325, ya con el equipo campeón.
La revista Gente, dirigida durante toda la dictadura con gran visión comercial por Samuel Gelblung, cubría con mucha soltura “Las vacaciones de Videla” o mostraba con total libertad “El despacho privado del presidente” en la residencia presidencial de Chapadmalal y cuando tuvo que brindar su opinión acerca del mundial dijo que “a pesar de los 700 millones de dólares que costó, por primera vez los argentinos sabemos lo que cuestan las cosas, y pagaremos esa deuda aunque no resulte fácil. A pesar de todo y contra todos los argentinos los argentinos hicimos el Mundial" . Junto con “Somos” realizaron una de las propagandas más increíbles a la política del terrorismo de estado.
Para Ti, el semanario de Atlántida sobre moda femenina, lanzó una campaña especial que consistía en una serie de postales coleccionables con fotografías de gente trabajando pacíficamente con la leyenda: “Argentina, toda la verdad”, esas tarjetas estaban destinadas a las organizaciones de los derechos humanos y medios de comunicación extranjeros. La consiga parecía ser: los militares nos encargamos de distraer con el mundial y ustedes con su estructura periodística ocúpense de convencer a los que puedan complicar los objetivos. La publicidad culminaba diciendo: “Esta es su oportunidad de mostrar al mundo toda la verdad de un país que vive y crece en paz”. Años después cuando fue consultado, Chiche dijo que “la posición de Gente, que en parte respondía a esquemas que yo manejaba, partía de la concepción de que había una guerra, y esto era lo que permanentemente se negaba, por las dos partes. Había una especie de culpa colectiva en la cual se decía: ‘mientras maten a esos hijos de puta, pasa’. Y mientras mataban a mis enemigos, o yo así lo interpretaba, no había problema. Ahora, cuando desaparecen mis amigos, Edgardo Sajon, Helena Holmberg, Jacobo Timerman, ahí ya la cosa empieza a ponerse jodida. Se hizo lo que se pudo. La opción era morirte o seguir viviendo. Pero ¿poner a Gente como la malvada de la película? Si no asesinó ni secuestró. Gente no tiene las manos manchadas con sangre”.

Como contrapartida de lo que opina el periodista podríamos agregar que “Gente” destacó a Lacoste como “el hombre del Mundial” por su “excelente labor para que el mundo vea como somos los argentinos”. La misma revista había destacado entre los personajes del año 77 al coronel Ramón Camps por su “acción destacada contra la subversión”, al gobernador de Tucumán, Domingo Bussi, por “combatir la guerrilla y traer la paz”, y a Videla por ser considerado “un ejemplo”.
A su vez, desde la editorial de la calle Azopardo se escribieron numerosos artículos que desacreditaban a quienes denunciaban desde el exterior los delitos cometidos por la dictadura y otros tantos que mostraban las “maravillosas” obras que se construían.
Descubriendo la verdad
“A la hora fugarnos, me siento casi paralizado. Me había imaginado muchas veces este momento. Pero nunca hubiera podido anticipar el vértigo que se apoderaría de mí en esos instantes. Siento como si mi cabeza estuviera levitando separada del cuerpo. Estoy por lanzarme a un fluir de acontecimientos sobre los que no tengo control ninguno. Las coas suceden ahora por impulso propio, pues han cesado de ser el resultado de mis acciones. Tengo la sensación de vivir una situación irreal”.
Uno de los primeros en darse cuenta de lo que pasaba y de los vínculos que poseía la Editorial Atlántida con los militares fue Osvaldo Papaleo. Había leído declaraciones de su hermana Lidia Papaleo mientras ésta permanecía secuestrada. El hecho provocó que Osvaldo enviara un telegrama a la Editorial Atlántida solicitando que se rectifique. Durante esa noche fue detenido por el Ejército y llevado a Puesto Vasco. Sobre el hecho, Papaleo manifestó que Darío Rojas (uno de los responsables de las torturas en Puesto Vasco) le dijo “tu problema empezó cuando mandaste este telegrama”, el mismo que él había enviado a la editorial Atlántida y que en ese momento el represor tenía en su mano.
La forma de cubrir el mundial y todo lo que ocurría en el país fue muy particular por parte de la editorial que manejaba Vigil. “El envión triunfalista que traían los militares montados sobre la ola de una sociedad civil que les había guiñado un ojo, era de tal magnitud que les dio aliento para confrontar a cara descubierta, con quienes los acusaban de violaciones a los derechos humanos mientras las cárceles y catacumbas estaban a pleno".
Así, el Mundial 78 se jugaría con miles de rehenes, en el mayor de los desafíos que dictadura alguna haya concretado: “digan lo que digan, aquí no pasa nada”.
Sin embargo las estadísticas decían lo contrario. “La cifra que manejaba la embajada de EE.UU, hecho que se supo un cuarto siglo después, se aproximaba a las 18.500 víctimas. Se basaba en un informe de Emilio Mignone, padre de una desaparecida e hiperactivo vicepresidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Mignone había comentado que 15.000 personas estaban desaparecidas y las restantes 3500 detenidas en distintas cárceles del país. Agregaba también que otras 30.000 personas habían sido arrestadas para someterlas a duros interrogatorios y luego liberarlas".
Con el paso del tiempo, mirando las cosas desde un lugar mucho más lejano y con la información clara y precisa con la que contamos hoy, podemos afirmar que la editorial Atlántida no sólo hizo negocios con la dictadura sino que fue funcional, apoyo y trabajó para el régimen totalitario impuesto en la Argentina durante el Proceso de Reorganización Nacional. La repercusión y la cantidad de medios que controlaban nos podría hacer pensar en la influencia positiva que hubiera tenido en el país una actitud distinta por parte de la editorial, no sólo no fue así sino que se oculto, se manipuló y se engañó a la población despreciando la vida de miles de argentinos.
Bibliografía utilizada:
Llonto, Pablo. "La vergüenza de todos" Editorial Madres de Plaza de Mayo
Tamburini, Claudio. "Pase libre" Editorial Continente
Ferreira, Fernando. "Hechos pelota" Editorial El arco
Fragmentos de páginas de internet:
Fragmento publicado por Martín Borja, publicado en Primera Página. http://buenamemoria.8m.com/mundial.htm
Extraído del artículo “Periodismo Negro” publicado en: http://www.eblog.com.ar/4320/periodismo-negro/
El 24 de marzo de 1976 se produce un golpe de Estado en Argentina que pone fin al régimen democrático de María Estela Martínez de Perón, que en ese entonces era la presidente del país debido al fallecimiento de su esposo Juan Domingo Perón, y que alejará a la ciudadanía de las urnas hasta 1983. Esta irrupción del poder estuvo a cargo de la Junta Militar encabezada por los comandantes de las tres armas, Jorge Rafael Videla (Ejército), Emilio Eduardo Massera (Marina) y Orlando Ramón Agosti (Aeronáutica) que inauguran lo que se denominó “Proceso de Reorganización Nacional” con el objetivo de transformar a la sociedad argentina y crear un “ser occidental, nacional y cristiano”. “Se comunica a la población que, a partir de la fecha, el país se encuentra bajo el control operacional de la Junta de Comandantes Generales de las Fuerzas Armadas. Se recomienda a todos los habitantes el estricto acatamiento a las disposiciones y directivas que emanen de la autoridad militar, de seguridad o policial, así como extremar el cuidado en evitar acciones y actitudes individuales o de grupo que puedan exigir la intervención drástica del personal en operaciones”.
La dictadura militar asumió la totalidad del poder y para lograr consenso político se emplearon formas autoritarias no solamente basadas en la violencia institucional y física sino también en la acción psicológica a través de los medios de comunicación. Se impuso el proceso autoritario más sangriento con un terrorismo de Estado dirigido a destruir la participación popular a partir de la represión sobre todo tipo de fuerzas democráticas en las que se prohibieron los partidos políticos y huelgas, se disuelve el congreso, se intervienen los sindicatos y la CGT y CGE, se suspende la actividad política, los derechos de los trabajadores y la vigencia del estatuto docente, se clausuran locales nocturnos, se queman libros y revistas considerados peligrosos y se censuran los medios de comunicación a partir de la censura previa en donde se creó un grupo especial encargado de controlar y reprobar todo tipo de producción científica, cultural, política o artística que se opusiera el régimen dictatorial, instaurando el terror en la población y poniendo “orden”. Durante el proceso militar, la censura fue extrema, se cerraron periódicos y revistas, se intervinieron distintos medios, se clausuraron editoriales y se controlaban las publicaciones, se procesaron, detuvieron y secuestraron periodistas y escritores. Todos los estudiantes, sindicalistas, intelectuales, profesionales que encabezaron las listas negras, más tarde fueron secuestrados, asesinados y "desaparecieron". Mientras muchos otros se exiliaron.
“El terrorismo de estado se aplicó con la colaboración activa de sectores de la población. Sus características esenciales eran: el uso monopólico de los medios de comunicación aplicado al desarrollo de la información y la desinformación y, paralelamente, el despliegue de campañas propagandísticas mediante las cuales se buscaba imponer una ideología monolítica; después, el establecimiento y expansión de un aparato represivo policial y militar secreto abocado a la tarea de “disciplinar” a la población y consecuentemente, a grupos susceptibles de sufrir un eventual exterminio; y, finalmente, un régimen que hizo uso del “terrorismo estatal” y que contó con el respaldo de sectores de la política y la economía, ámbito este ultimo en el cual el apoyo provino de grupos empresarios tanto nacionales como extranjeros. En ese contexto el deporte en general y el futbol en particular fueron el vehículo del cual se valieron los militares para tratar de sanear su imagen”
El resultado que dejó este proceso fue miles de muertos y desaparecidos, gente exiliada, desaparición sistemática de símbolos y todo tipo de discursos, imágenes y tradiciones, control total ideológico, quema de bibliotecas y la destrucción del aparato productivo nacional.
En los medios internacionales se criticaba fuertemente el régimen totalitario que atravesaba la Argentina. Las denuncias sobre las violaciones a los derechos humanos por parte de los militares contra la lucha subversiva argentina trascendieron los límites nacionales cobrando mucha importancia en la prensa europea. Fueron países como Holanda y Francia aquellos que se encargaron de denunciar los delitos que se estaban cometiendo de lesa humanidad en nuestro país, tales como la privación ilegítima de la libertad por tiempo indeterminado, la disposición sobre la vida y la muerte de las personas que integraban los grupos guerrilleros, entre otros. También se encargaron de cubrir las primeras reuniones de las Abuelas de Plaza de Mayo. Como contrapartida, la prensa local, carente de información precisa sobre los hechos que ocurrían en territorio nacional, las denominaban “las locas de Plaza de Mayo” y justificaban los ataques como una conspiración para la realización del Mundial queriendo presentar un país ordenado y organizado.
Si bien la Organización del XI Campeonato del Mundo de Fútbol en Argentina fue uno de los símbolos utilizados por el Gobierno Militar para promover una imagen de país confiable y demostrando que eran capaces de realizar un evento tan emblemático y de esa manera debilitar las críticas que provenían del exterior, también fue utilizado para construir cierta legitimidad política y consenso dentro de la sociedad. “Para ellos, el Mundial de fútbol era una magnífica oportunidad para lavarle la cara al régimen militar, aprovechando el exacerbado nacionalismo deportivo de sectores mayoritarios de la afición futbolística. Algunos meses antes del inicio del certamen, el oficialismo había lanzado una campaña de propaganda en defensa del gobierno de facto sintetizada en la consigna: “los argentinos somos derechos y humanos”. El país fue inundado por calcomanías y afiches con esa inscripción, y la crítica internacional a la violación de los derechos humanos en la Argentina fue rechazada por sectores proclives a la dictadura como una “campaña orquestada por el comunismo internacional”.
En el mismo día del golpe y en la primera reunión de la Junta Militar, el mundial se convirtió en tema prioritario. “Políticamente es conveniente hacer el mundial dijo el Almirante Cero. Unos días antes, el hombre que soñaba con ser el nuevo Perón, había recibido un informe de uno de sus colaboradores más íntimos y a quien había premiado con la secretaría de Acción Social: el capitán de navío: Carlos Lacoste. Massera leyó una tras otra las supuestas ventajas políticas y económicas que le dejaría a la Argentina la XI Copa del Mundo”. Así comenzaron dos años de organización que costaron la vida de muchos dirigentes, extorsiones y luchas dentro de la propia dictadura. Entre el ejército y la Marina se disputaron el control del mundial, quedando finalmente en manos de Lacoste y Massera, el primero era el responsable público del Ente Autárquico Mundial ’78 (EAM) que le permitía a ese organismo malgastar millones de dólares con total libertad en fastuosas obras y proyectos sobrevaluados para llevar a cabo la organización de la competencia de la mejor manera. El gasto total alcanzaría los 250 millones de dólares. La deuda externa seguía creciendo y mientras el país padecía graves carencias en sanidad y educación, ese dinero era invertido en el campeonato mundial.
Los medios periodísticos nacionales tenían prohibido criticar al director técnico del equipo argentino, César Luis Menotti y de la selección nacional. Sólo se dedicaban a hablar de táctica, de goles, de la alegría y el orgullo nacional. El gobierno consideraba el triunfo y el buen prestigio del seleccionado de gran importancia política fundamental.
“Para mayo de 1978, los vuelos de la muerte despegaban con una frecuencia de cinco por día. Paralelamente, funcionarios de las naciones unidas en Ginebra, elaboraban las primeras listas completas de desaparecidos y miles de exiliados comenzaban a enviar cartas a la casa de gobierno con la cara de Videla, transformada en calavera pro sus rasgos huesudos, en una pelota de futbol. El 20 de mayo, Videla señalaba en una entrevista a un diario alemán: “no hay campos de concentración ni prisioneros políticos en la Argentina. La campaña desencadenada contra la argentina antes del mundial es obra de la izquierda internacional. Los 3200 detenidos, de los que el ministerio del interior publico los nombres están presos por terrorismo, corrupción y criminalidad. Todos los detenidos en fase de instrucción se encuentran exclusivamente en cárceles y no en otros lugares. Las Fuerzas Armadas, amenazadas por 4000 guerrilleros armados, se vieron obligadas a defender los derechos humanos de la mayoría. Hacia nosotros no hubo la comprensión que merecíamos.” Seguía considerándose el pilar del orden y el centinela de la soberanía.”
El poder y la economía
“Nuestra alegría no tiene límites. Me subo a una silla y empiezo a gritar, festejando la victoria. A mi lado, los dos guardias más jóvenes se abrazan. Guillermo se suma a su festejo. Uno de ellos me toma de un brazo y, haciéndome bajar de la silla, se cuelga de mi cuello y me incorpora al festejo. Ante la mirada incrédula del Tucumano, empezamos a saltar los cuatro en un ramillete humano, mientras gritamos a coro: “¡Argentina!, ¡Argentina!”. La atmósfera en la cocina es delirante. Cautivos y captores se abrazan y festejan.”
“25 millones de argentinos jugaremos el Mundial” o “la fiesta de todos” representaban los slogans o eran parte de la canción oficial del mundial.
La realización del mundial en el país era muy conveniente según decían los que manejaban el país. Pero conveniente ¿para que? y ¿para quienes? Que Argentina saliera campeón del mundo era un gran negocio para la Junta Militar, para las arcas de Editorial Atlántida pero no para el país y mucho menos para la población. Los directores de la Editorial más poderosa estaban fuertemente relacionados con la dictadura y los negocios alrededor del Mundial 78. Los vínculos cercanos y las relaciones estrechas relaciones le significaron a Atlántida grandes ganancias monetarias. Antes del mundial “El Gráfico vendió 146.700 ejemplares y luego del mismo 373.325, ya con el equipo campeón.
La revista Gente, dirigida durante toda la dictadura con gran visión comercial por Samuel Gelblung, cubría con mucha soltura “Las vacaciones de Videla” o mostraba con total libertad “El despacho privado del presidente” en la residencia presidencial de Chapadmalal y cuando tuvo que brindar su opinión acerca del mundial dijo que “a pesar de los 700 millones de dólares que costó, por primera vez los argentinos sabemos lo que cuestan las cosas, y pagaremos esa deuda aunque no resulte fácil. A pesar de todo y contra todos los argentinos los argentinos hicimos el Mundial" . Junto con “Somos” realizaron una de las propagandas más increíbles a la política del terrorismo de estado.
Para Ti, el semanario de Atlántida sobre moda femenina, lanzó una campaña especial que consistía en una serie de postales coleccionables con fotografías de gente trabajando pacíficamente con la leyenda: “Argentina, toda la verdad”, esas tarjetas estaban destinadas a las organizaciones de los derechos humanos y medios de comunicación extranjeros. La consiga parecía ser: los militares nos encargamos de distraer con el mundial y ustedes con su estructura periodística ocúpense de convencer a los que puedan complicar los objetivos. La publicidad culminaba diciendo: “Esta es su oportunidad de mostrar al mundo toda la verdad de un país que vive y crece en paz”. Años después cuando fue consultado, Chiche dijo que “la posición de Gente, que en parte respondía a esquemas que yo manejaba, partía de la concepción de que había una guerra, y esto era lo que permanentemente se negaba, por las dos partes. Había una especie de culpa colectiva en la cual se decía: ‘mientras maten a esos hijos de puta, pasa’. Y mientras mataban a mis enemigos, o yo así lo interpretaba, no había problema. Ahora, cuando desaparecen mis amigos, Edgardo Sajon, Helena Holmberg, Jacobo Timerman, ahí ya la cosa empieza a ponerse jodida. Se hizo lo que se pudo. La opción era morirte o seguir viviendo. Pero ¿poner a Gente como la malvada de la película? Si no asesinó ni secuestró. Gente no tiene las manos manchadas con sangre”.

Como contrapartida de lo que opina el periodista podríamos agregar que “Gente” destacó a Lacoste como “el hombre del Mundial” por su “excelente labor para que el mundo vea como somos los argentinos”. La misma revista había destacado entre los personajes del año 77 al coronel Ramón Camps por su “acción destacada contra la subversión”, al gobernador de Tucumán, Domingo Bussi, por “combatir la guerrilla y traer la paz”, y a Videla por ser considerado “un ejemplo”.
A su vez, desde la editorial de la calle Azopardo se escribieron numerosos artículos que desacreditaban a quienes denunciaban desde el exterior los delitos cometidos por la dictadura y otros tantos que mostraban las “maravillosas” obras que se construían.
Descubriendo la verdad
“A la hora fugarnos, me siento casi paralizado. Me había imaginado muchas veces este momento. Pero nunca hubiera podido anticipar el vértigo que se apoderaría de mí en esos instantes. Siento como si mi cabeza estuviera levitando separada del cuerpo. Estoy por lanzarme a un fluir de acontecimientos sobre los que no tengo control ninguno. Las coas suceden ahora por impulso propio, pues han cesado de ser el resultado de mis acciones. Tengo la sensación de vivir una situación irreal”.
Uno de los primeros en darse cuenta de lo que pasaba y de los vínculos que poseía la Editorial Atlántida con los militares fue Osvaldo Papaleo. Había leído declaraciones de su hermana Lidia Papaleo mientras ésta permanecía secuestrada. El hecho provocó que Osvaldo enviara un telegrama a la Editorial Atlántida solicitando que se rectifique. Durante esa noche fue detenido por el Ejército y llevado a Puesto Vasco. Sobre el hecho, Papaleo manifestó que Darío Rojas (uno de los responsables de las torturas en Puesto Vasco) le dijo “tu problema empezó cuando mandaste este telegrama”, el mismo que él había enviado a la editorial Atlántida y que en ese momento el represor tenía en su mano.
La forma de cubrir el mundial y todo lo que ocurría en el país fue muy particular por parte de la editorial que manejaba Vigil. “El envión triunfalista que traían los militares montados sobre la ola de una sociedad civil que les había guiñado un ojo, era de tal magnitud que les dio aliento para confrontar a cara descubierta, con quienes los acusaban de violaciones a los derechos humanos mientras las cárceles y catacumbas estaban a pleno".
Así, el Mundial 78 se jugaría con miles de rehenes, en el mayor de los desafíos que dictadura alguna haya concretado: “digan lo que digan, aquí no pasa nada”.
Sin embargo las estadísticas decían lo contrario. “La cifra que manejaba la embajada de EE.UU, hecho que se supo un cuarto siglo después, se aproximaba a las 18.500 víctimas. Se basaba en un informe de Emilio Mignone, padre de una desaparecida e hiperactivo vicepresidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Mignone había comentado que 15.000 personas estaban desaparecidas y las restantes 3500 detenidas en distintas cárceles del país. Agregaba también que otras 30.000 personas habían sido arrestadas para someterlas a duros interrogatorios y luego liberarlas".
Con el paso del tiempo, mirando las cosas desde un lugar mucho más lejano y con la información clara y precisa con la que contamos hoy, podemos afirmar que la editorial Atlántida no sólo hizo negocios con la dictadura sino que fue funcional, apoyo y trabajó para el régimen totalitario impuesto en la Argentina durante el Proceso de Reorganización Nacional. La repercusión y la cantidad de medios que controlaban nos podría hacer pensar en la influencia positiva que hubiera tenido en el país una actitud distinta por parte de la editorial, no sólo no fue así sino que se oculto, se manipuló y se engañó a la población despreciando la vida de miles de argentinos.
Bibliografía utilizada:
Llonto, Pablo. "La vergüenza de todos" Editorial Madres de Plaza de Mayo
Tamburini, Claudio. "Pase libre" Editorial Continente
Ferreira, Fernando. "Hechos pelota" Editorial El arco
Fragmentos de páginas de internet:
Fragmento publicado por Martín Borja, publicado en Primera Página. http://buenamemoria.8m.com/mundial.htm
Extraído del artículo “Periodismo Negro” publicado en: http://www.eblog.com.ar/4320/periodismo-negro/
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